Lo vi por casualidad en la caja de autoservicio del supermercado. No fue una escena memorable ni digna de una novela, apenas un instante suspendido entre el ruido de las máquinas y el murmullo de la gente que, apurada, pasaba sus productos bajo la luz fría del escáner. Yo ocupaba la máquina contigua cuando lo noté. Era un joven de menos de treinta años, de esos que parecen arrastrar el cansancio de haber vivido demasiado pronto. Llevaba una camiseta azul oscuro que marcaba el contorno de su espalda, una mochila negra, y en una mano sostenía una chaqueta como si no supiera dónde dejarla. Su cuerpo, fuerte y disciplinado, revelaba horas de gimnasio, pero su rostro mostraba una fatiga más honda, la que no se disimula con músculos ni con sueño. En medio de ese ambiente mecánico y luminoso, él permanecía quieto. Mientras los demás escaneábamos apurados, siguiendo las instrucciones robóticas que decían “por favor, introduzca su método de pago”, el joven se quedaba inmóvil, como si algo dentr...
Estos son los relatos de un egoísta, independiente y amante de su libertad.