Eran completamente diferentes y, aun así, habían forjado una amistad que parecía destinada a resistir las pruebas del tiempo. Se conocieron en la universidad el mismo año en que ambos decidieron darle un vuelco a sus vidas y convertirse en profesores de castellano. El primero había vivido toda su vida en la bulliciosa ciudad. La ciudad era su patio de juegos y su refugio. El segundo, unos años mayor, había llegado ese año con la determinación de empezar una historia fascinante, como él mismo solía decir entre risas. Por un capricho del destino o quizás por la mano invisible de la providencia, esta inusual pareja se apoyó mutuamente durante los cinco años que duró su carrera, y mucho tiempo después de haber egresado de la misma universidad. El recién llegado, con su inquebrantable optimismo, y el habitante de la ciudad, con su pragmatismo urbano, formaban una dupla singular. El destino quiso que trabajaran juntos en la misma ciudad, asegurando que la dupla dorada brillara junta. Los año...
Estos son los relatos de un egoísta, independiente y amante de su libertad.