Ir al contenido principal

Final trágico.

 

Segunda parte de la historia “Miss Nela”.

La aventura de Marianela y Vladimir fue un secreto a voces durante mucho tiempo. Para este adolescente de tercero medio, dominado por sus hormonas, no fue una historia romántica, sino un logro del que se jactaba entre sus pares. “Este weón se come a la Miss más rica del colegio”, decía Joaquín con envidia y admiración. Esa actitud era normal, ya que en esta historia, Romeo era tan necio como el de la tragedia, y Marianela estaba lejos de tener el carácter de una Julieta. Desde cualquier punto de vista, esta era una tragedia cuyo final se había postergado demasiado.

En los cinco meses que llevaban de relación, no habían perdido el tiempo con promesas de amor ni escenas románticas. Lo suyo había sido el desahogo de sus deseos carnales. Vladimir, con la condición física de un adolescente que solo quería disfrutar y explotar al máximo la oportunidad que tenía, nunca enfrentó consecuencias. No era tonto y sabía protegerse, pero eso no lo enaltecía; solo envilecía más su posición.

En cambio, Marianela había experimentado un cambio profundo, como si el universo preparara el escarmiento para una mujer que había elegido una vida licenciosa y superficial durante veintiséis años. Marianela se había enamorado. Este amor, inesperado y profundo, la transformó, haciéndola cuestionar sus decisiones y su estilo de vida. Mientras Vladimir seguía viendo la relación como una conquista, Marianela comenzó a ver en él algo más, algo que la hacía desear un futuro diferente.

Había comenzado el año y con él todas las actividades que más interesaban a Vladimir. Mister Elias, el apasionado profesor de deportes, lo había inscrito en un campeonato de calistenia que se realizaría en la ciudad de Arica. Este profesor se jactaba de ganar cada torneo, campeonato o certamen en el que su nombre y el del colegio estuviesen involucrados, y esta vez no sería la excepción.

Mientras tanto, en el Colegio Católico, las actividades también habían comenzado. Este colegio de mujeres, conocido por sus constantes celebraciones y fiestas, se asemejaba más a un improvisado centro de eventos que a una casa de estudios, pero eso es material para otra historia.

Para Vladimir, el inicio del año significaba también la posibilidad de retomar una de sus actividades favoritas: ir a las fiestas y eventos en el colegio de mujeres para enamorar o conquistar chicas. Esta actividad de grupo había quedado medio abandonada desde que estaba con Marianela, su profesora de inglés. La relación entre ellos, un secreto a voces, era un tabú que ambos trataban de mantener oculto.

Marianela, por su parte, observaba estos cambios con una mezcla de sentimientos. Su amor por Vladimir había crecido, y con él, su deseo de compartir más tiempo juntos. Sin embargo, entendía que para Vladimir, estas actividades eran una parte esencial de su vida adolescente. Decidió apoyarlo desde la distancia, consciente de que su presencia constante podría levantar sospechas y poner en riesgo su carrera.

El campeonato de calistenia en Arica se convirtió en un evento importante para Vladimir. Entrenaba con dedicación, motivado por la posibilidad de ganar y por el orgullo de representar a su colegio. Marianela, aunque no podía asistir a sus entrenamientos, lo animaba discretamente, brindándole su apoyo a través de mensajes y notas que dejaba en su casillero.

A medida que avanzaba el año, la relación entre Vladimir y Marianela se volvía más complicada. Marianela, transformada por su amor, comenzaba a ver en Vladimir no solo a un adolescente impulsivo, sino a alguien con quien podía construir un futuro. Sin embargo, Vladimir seguía viendo la relación como una simple aventura, una conquista más en su lista.

El conflicto interno de Marianela crecía día a día. En un reciente e inusual acto de madurez, comenzó a entender que su relación con Vladimir era inapropiada y que, de descubrirse, podría perder todo por lo que había trabajado. Pero su corazón la traicionaba, y cada vez le resultaba más difícil mantener la distancia emocional. La gota que colmó el vaso fue enterarse de las escapadas de Vladimir a las fiestas, donde seguía comportándose como un adolescente común e irresponsable, buscando nuevas conquistas.

Con el corazón apesadumbrado, Marianela se dio cuenta de que mientras ella se enamoraba de verdad, Vladimir solo la veía como una aventura pasajera. Decidió confrontarlo, y en una conversación cargada de emociones, le expresó sus sentimientos y su dolor. “¿Cómo puedes ser tan insensible?”, le dijo, su voz temblando de tristeza y decepción. “Para ti, esto no es más que un juego, una conquista más en tu vida. Pero para mí, Vladimir, esto es real. Me he enamorado de ti, y duele ver que no sientes lo mismo.”

Vladimir, incapaz de comprender la profundidad de sus palabras, respondió con indiferencia, encogiéndose de hombros. “No entiendo por qué te pones así, Marianela. Sabías desde el principio que esto no era serio. Solo estamos divirtiéndonos, ¿no?” Esa respuesta, tan fría y distante, consolidó el fin de su relación. Marianela sintió cómo su corazón se rompía en mil pedazos, y supo que no podía seguir así. Decidió dejar el colegio y buscar un nuevo comienzo lejos de los recuerdos dolorosos, mientras Vladimir continuaba con su vida adolescente, sin darse cuenta del impacto que había tenido en la vida de Marianela.

Comentarios