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Anclado en el pretérito.

Imagina estar enamorado durante diez años 
y una tarde de octubre 
ves como una parte de tu vida 
se desvanece entre tus brazos 
un trozo de tu corazón se hace pedazos 
vives ahora con la mano en tu pecho 
sujetando los trozos de un corazón roto 
y entiendes que para siempre vivirás 
anclado en el pretérito por ella. 

Ella llegó a mi vida con un maullido suave, 
una pequeña gata, frágil y curiosa. 
La cuidé como a una hija, 
con caricias y palabras dulces. 
Sus ojos, dos brasas encendidas, 
me miraban con amor incondicional. 

En sus ronroneos, un eco de consuelo, 
y en cada mirada, un lazo eterno. 
Ahora, cada vez que la recuerdo, 
siento el vacío de su ausencia, 
y entiendo que, en su memoria, 
mi corazón seguirá anclado en el pretérito.
 

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