Cedric Thorne nació en una pequeña aldea en los campos del bosque de Elwynn. Hijo de una familia de granjeros, pasó su infancia ayudando a sus padres con las tareas de la granja, especialmente en la venta de productos en el mercado de Villadorada. Desde joven, mostró una gran habilidad para el combate, defendiendo su hogar de amenazas locales como lobos, murlocs y bandidos.
A medida que crecía, Cedric sentía una creciente inquietud y un deseo de explorar más allá de los límites de su aldea. Inspirado por las historias de héroes y aventureros que escuchaba en la taberna local, decidió dejar su hogar y buscar su propio camino en el mundo. A los dieciséis años, se enroló en la guardia real de Villa del Lago, en las Montañas Crestagrana, donde trabajó como explorador de rutas, protegiendo a los habitantes de la región de las amenazas de orcos y gnolls que acechaban en las montañas.
Rápidamente se destacó por su valentía y habilidades en combate. Su dedicación por proteger a los habitantes de Villa del Lago le ganó el respeto y la admiración de sus compañeros y de los aldeanos.
A los dieciocho años, la vida de Cedric Thorne dio un giro completamente inesperado, marcando su destino y asegurándole un lugar en los libros de historia. El alcalde Thoras Morrison lo convocó a su oficina para informarle que había sido seleccionado para un entrenamiento especial en la Arboleda del Destello, al este de Villa Oscura. Formaría parte de un destacamento de doce hombres con una única misión: eliminar a los hombres lobo envilecidos. Estos humanos de Gilneas, conocidos como Worgen, habían sido completamente corrompidos por la maldición que les daba su aspecto lupino, perdiendo todo rasgo de humanidad y convirtiéndose en una amenaza constante para los viajeros y habitantes de la zona.
La misión emocionó enormemente a Cedric, ya que le motivaba poner a prueba sus habilidades de combate contra criaturas cada vez más fuertes y desafiantes. Además, sabía que la oportunidad de ayudar a los habitantes de otra ciudad llenaría de orgullo a sus padres. El trayecto a pie desde Villa del Lago a Villa Oscura duró dos horas, comenzando al amanecer cuando el sol apenas iluminaba la torre del reloj de la alcaldía. Fue un viaje silencioso, pero Cedric lo disfrutó como un niño, ya que nunca había viajado tan lejos de casa.
Un desayuno frugal los esperaba en la Taberna del Cuervo Escarlata y, apenas terminaron, recibieron las instrucciones de la misión del día. Siguieron un camino sinuoso que partía desde el costado de la taberna y ascendía hasta la meseta donde se encontraba la arboleda. El capitán Berton los organizó en parejas y les indicó las posiciones donde se ubicarían para cazar a los Worgen. Antes de que estuvieran preparados, una bola oscura golpeó al guardia Parker, provocando que todos perdieran la formación inicial. Mientras el guardia era retirado a una posición segura, el capitán Berton dio la orden de ataque.
Cedric decidió ir tras el que había lanzado la bola oscura, ya que eran las bestias más difíciles de matar y había herido a uno de sus compañeros. A pesar de tener veintiún años, una excelente condición física y comer como por cinco personas, Cedric no tenía una complexión física muy grande, pero su agilidad superaba incluso a los más antiguos y experimentados de su destacamento. Desafortunadamente, Cedric conocía el Bosque del Ocaso solo por lo que había estudiado en los libros de la alcaldía de Villa del Lago, por lo que mientras perseguía a su objetivo, pensó que este lo llevaba hacia el noreste, en dirección a la Hacienda Yorgen. Pero estaba equivocado.
En su persecución, decapitó de un golpe a dos lobos negros y amputó cuatro patas de una enorme araña que intentó bloquear su paso. Con la efervescencia de la batalla, Cedric comenzó a subir por un terreno pedregoso siguiendo un camino que parecía haber sido hecho de manera natural. Cuando llegó a lo alto, aprovechó una distracción de su oponente, lo que le permitió enterrar su espada en el pecho de la bestia y luego levantar el filo de su espada con una mano, abriendo el pecho y parte del cráneo de la envilecida criatura. Todo fue tan rápido que la bestia apenas alcanzó a romper el silencio del lugar.
Cedric estaba seguro de que no era ni siquiera el mediodía, pero todo a su alrededor tenía el aspecto de la noche profunda. Se percató de que los árboles no eran los mismos y que un extraño fulgor iluminaba tenuemente las copas de los árboles. El destino lo había llevado directamente a la entrada de la Arboleda del Crepúsculo, un lugar de elfos, no precisamente prohibido, pero que tácitamente todos los hombres evadían, simplemente por ser un lugar de elfos. Luego de limpiar el filo de su espada, que había quedado cubierto de la sangre negra y viscosa del hombre lobo, la empuñó y comenzó a avanzar por el sendero.
Mientras Cedric avanzaba, sintió una llamada urgente y débil que solicitaba ayuda. Sus ojos, aún adaptándose a la penumbra, divisaron un pequeño valle rodeado por altas montañas. Cedric continuó su camino hacia un imponente monolito de piedra que dominaba el centro de este valle secreto. Al llegar, vio a un enorme oso en una posición agonizante. Cedric reconoció al animal de inmediato y, casi sin pensar, dejó caer su espada y corrió hacia él con los brazos abiertos.
—Está bien, ya estoy aquí. Dime en qué te puedo ayudar —dijo el joven con una vehemencia que sorprendió al enorme animal.
El oso, que tenía una opinión muy baja de los hombres y jamás había conocido a una criatura humana que se preocupase por algo más que sí misma, quedó asombrado. Así fue como Cedric conoció a Mardant Fuerterroble, quien se convertiría en su maestro durante los siguientes cinco años.
Cedric, bajo la tutela de Mardant, aprendió a comunicarse con la naturaleza, a sanar heridas con el poder de la tierra y a transformarse en diversas formas animales. Su conexión con el mundo natural se profundizó, y su respeto por todas las criaturas vivientes creció exponencialmente. Mardant, por su parte, encontró en Cedric un alumno dedicado y apasionado, dispuesto a desafiar las expectativas y a romper las barreras entre humanos y druidas.
Fin parte uno.
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