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El Brian y el Jason.


Todo el barrio de La Tortuga en Alto Hospicio conoce a Brian y Jason. Con justa razón se han ganado el afecto de los vecinos más antiguos del barrio. Cómo no estar orgullosos de ellos si son hijos ejemplares que ayudan a sus padres todos los fines de semana en la feria de La Quebradilla y durante la semana asisten a clases en el colegio William Taylor. A pesar de todas las carencias y dificultades que conlleva vivir en uno de los barrios más pobres de la comuna, estos amigos han sobrevivido a todas las malas influencias y peligros que amenazan a los jóvenes que ahí viven. Casi todos los días van a jugar a la pelota con sus amigos a la cancha improvisada que ellos mismos equiparon junto al cerro, entre el basural y la quebrada.

Desde pequeños, sus padres les han asegurado lo básico y más, dentro de sus posibilidades. Ninguno de sus padres tiene su escolaridad completa, pero han sacrificado todo por ayudar a sus hijos a salir adelante pese a todo pronóstico. La señora María Morales, que ciertamente se sabe la vida de todos en el barrio, nos cuenta que la mamá de Jason, cuando él era pequeño, colocaba una tabla sobre dos ladrillos y sentaba al niño en un banquito que había comprado en la feria. Pegado a ella, mientras cocinaba o lavaba ropa por encargo, Jason llenaba cuadernos con caligrafía o hacía ejercicios de matemáticas. Como no había dinero para profesores particulares, su madre pasaba metida en el colegio pidiendo ayuda o material extra para su hijo, de tal manera de ayudarlo en casa.

Por su parte, la mamá de Brian le traía las revistas viejas que don Braulio vendía en la feria. Tenía un silabario todo rayado y muchas revistas de historia y naturaleza. Como las dos mamás también eran amigas, se turnaban en cuidarlos y ponerlos a estudiar todos los días antes de salir a jugar a la pelota. "Esas mujeres supieron torcerle la mano al destino", decía María Morales, interrumpiendo la narración de la historia de estos niños.

Sin embargo, el contacto con un entorno precario, con un nivel sociocultural marginal, no les permitió escapar de todas las malas influencias y, en cuanto a las lingüísticas, nada pudieron hacer. En la calle eran flaites, hablaban como tal quizás para sobrevivir a la vida en las calles de un barrio difícil. Quizás no quedaba de otra, era una forma de defenderse del entorno o de quienes, a diferencia de ellos, no les preocupaba prosperar. "En esta casa no se dicen groserías", decía el padre de Jason, y esa ley absoluta imperaba en casa de Brian también.

A María Morales le brotan las lágrimas cada vez que habla de estos angelitos. Son tan inteligentes, los dos compiten por tener las mejores notas, les gusta leer y tienen una letra muy linda. En el colegio, sus profesores siempre los destacan, pero no falta quien no los conoce y lo primero que hace es prejuzgarlos. Se ríe María Morales cuando dice que desafortunadamente los dos son bien porfiados de cara y lo flaite lo llevan en la piel, pero que niños tan buenos e inteligentes no hay otros como ellos.

Este año deben postular a la carrera de Electrónica, ya que al pasar a Tercero Medio deberán elegir una de las especialidades que el colegio imparte. Saben que todos sus compañeros quieren quedar en Electrónica y que solo habrá un curso, por lo que la competencia será épica. No solo deberán cuidar cada una de sus calificaciones, sino también participar activamente en las actividades de capellanía y, por supuesto, tener una hoja de vida impecable.

La maestra Noelia de Lenguaje se lleva muy bien con ellos y siempre que puede los destaca o los hace participar en diversas actividades. La última vez, organizaron un cuenta cuentos para sus compañeros de Cuarto Básico. El fin de semana anterior fueron al Terminal Agro, en La Tortuga, para buscar entre los fardos de ropa y confeccionar sus disfraces. Brian encontró un traje de duende y Jason improvisó inteligentemente un traje de príncipe. Dieron cinco funciones esa semana para cubrir a todos los cursos de ese nivel. Los niños disfrutaron de las historias que inventaban estos amigos y de sus actuaciones. Dentro de ellos existe una llama que los impulsa a transmitir su alegría y vitalidad a todo el mundo, decía la capellana, su principal fan, quien los iba a ver en cada ocasión en que hacían algo en el colegio.

Un día, mientras jugaban fútbol en la cancha improvisada, Brian sufrió una lesión en el tobillo. Esto no solo le impidió jugar, sino que también afectó su capacidad para asistir a clases y estudiar. Jason, preocupado por su amigo, decidió ayudarlo con sus tareas y llevarle los apuntes de las clases. Los profesores, al ver el esfuerzo de ambos, les brindaron apoyo adicional, recomendándoles estudiar juntos después de clases. Además, la situación económica de sus familias empeoró cuando el padre de Jason perdió su trabajo. Esto significó que Jason tuvo que trabajar más horas en la feria para ayudar a su familia, lo que redujo su tiempo de estudio. Sin embargo, su madre, recordando los sacrificios que había hecho cuando Jason era pequeño, decidió buscar trabajos adicionales para que su hijo pudiera concentrarse en sus estudios.

Un día, la maestra Marianne organizó una feria de ciencias en el colegio. Brian y Jason decidieron participar con un proyecto sobre energías renovables, utilizando materiales reciclados que encontraron en el basural cercano. Trabajaron incansablemente, incluso durante los fines de semana, para asegurarse de que su proyecto fuera un éxito. Su dedicación y creatividad impresionaron a todos, y ganaron el primer lugar en la feria.

A pesar de las dificultades económicas, las lesiones y las responsabilidades adicionales, Brian y Jason nunca se rindieron. Su resiliencia y perseverancia les permitieron superar los obstáculos y destacarse en su colegio. Finalmente, ambos lograron ingresar a la especialidad de Electrónica, cumpliendo uno de sus mayores sueños. La historia de Brian y Jason es un testimonio de cómo el apoyo familiar, la dedicación de los maestros y la fuerza de voluntad pueden ayudar a superar cualquier adversidad. A pesar de los prejuicios de la sociedad hacia los jóvenes de escasos recursos, ellos demostraron que con esfuerzo y determinación, es posible cambiar el destino.
 



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