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El druida.

Continuación de la historia “Cedric y el oso”.

En la vasta y mística Arboleda del Nordrassil, donde el árbol del mundo susurra secretos antiguos y la luz del sol se filtra a través de un dosel de ramas robustas y hojas eternamente verdes, el humano llamado Cedric Thorne se embarca en un viaje sin precedentes. Nunca antes un humano había sido instruido en las artes de los druidas, pero Mardant Fuerterroble, un venerado druida de la garfa, vio algo especial en Cedric.

Hace un año, Cedric había llegado a la Arboleda del Crepúsculo sin proponérselo luego de cazar a un Worgen, como parte de su entrenamiento especial como miembro de la guardia real de la Villa del Lago. Fue entonces cuando conoció a Mardant, quien estaba malherido luego de luchar contra una incursión de sátiros que amenazaba con corromper la arboleda. Cedric, con su bondad y nobleza, ayudó a Mardant a sanar sus heridas, ganándose así su respeto y admiración. Cedric aceptó la oferta del druida para recibir su entrenamiento. Con un poco más de veinte años entendió lo que significaba este llamado del destino. Fue así como decidió abandonar su vida de humano en Villa del Lago, dejando atrás todo lo que conocía, para recibir el riguroso entrenamiento como druida de la garfa. Sabía que no sería fácil; el camino del druida está lleno de desafíos tanto físicos como espirituales. Sin embargo, Cedric estaba decidido a seguir adelante, impulsado por una fuerza interior que ni él mismo comprendía del todo.

Durante su entrenamiento, Cedric descubrió que su conexión con la naturaleza era diferente y en más de una ocasión pensó si sería posible conectar con ella o los animales, pero nunca perdió el entusiasmo, jamás se había dado por vencido y está no sería la primera vez. Mientras otros aprendices luchaban por dominar las formas animales tradicionales, Cedric se dio cuenta que su forma de oso era distinta, de hecho, después de cinco años de entrenamiento todas sus formas animales son distintas de las tradicionales. En fin, no era el oso común que los druidas adoptaban; su pelaje era de un tono gris plateado, y sus ojos brillaban con una luz azulada, reflejando la esencia misma de la luna. Esta transformación sorprendió a Mardant, quien nunca había visto algo similar en todos sus años de enseñanza.

Mardant observaba a Cedric con una mezcla de asombro y orgullo. Sabía que entrenar a un humano como druida era un riesgo, pero Cedric estaba demostrando ser más que digno. Cada día, Cedric se enfrentaba a nuevos desafíos, desde comunicarse con los espíritus del bosque hasta dominar los hechizos de curación y protección. Y aunque a veces dudaba de sí mismo, siempre encontraba la fuerza para seguir adelante. Una noche, bajo la luz de la luna llena, Cedric se transformó en su forma de oso y sintió una conexión profunda con la tierra y el cielo. Bajo la luz de la luna, sintió que la misma Elune le daba su bendición. En ese momento, comprendió que su destino no era solo ser un druida, sino ser un puente entre los humanos y la naturaleza, un símbolo de armonía y equilibrio. Mardant, al ver la transformación de Cedric, se acercó y colocó una mano en su hombro. "Cedric," dijo con voz solemne, "has recorrido un largo camino y aún te queda mucho por aprender. Pero hoy, has demostrado que eres digno de ser llamado druida de la garfa. Tu viaje es único, y tu destino, grandioso."

Broll Manto de Oso, observando desde la distancia, frunció el ceño y se acercó lentamente. "¿Un humano, Mardant? ¿Realmente crees que un humano puede comprender y respetar los antiguos caminos de los druidas de la garfa? Nuestra conexión con la naturaleza es profunda y compleja, algo que dudo que un humano pueda alcanzar." Mardant se volvió hacia Broll, con su mirada firme pero comprensiva. "Broll, entiendo tus dudas. Pero Cedric ha demostrado una dedicación y un respeto por la naturaleza que rara vez he visto, incluso entre los nuestros. Su corazón es puro y su voluntad, inquebrantable. No es solo su habilidad lo que lo hace digno, sino sus valores. Cedric ha mostrado una empatía y una humildad que son esenciales para cualquier druida." Broll cruzó los brazos, aún escéptico. "Las palabras son fáciles, Mardant. Pero los hechos son lo que realmente importa."

"Y los hechos hablan por sí mismos," replicó Mardant con convicción. "Cedric ha superado pruebas que muchos habrían considerado imposibles. Ha mostrado una valentía y una sabiduría más allá de su edad. No podemos juzgarlo solo por su raza. Debemos ver más allá y reconocer el potencial que tiene dentro." Broll suspiró, mirando a Cedric con una mezcla de curiosidad y cautela. "Tal vez tengas razón, Mardant. Pero el camino será duro, y no todos los que lo comienzan lo terminan." "Lo sé," respondió Mardant, "pero creo en Cedric. Y sé que, con nuestra guía, él también llegará a creer en sí mismo."

Cedric, escuchando la conversación, sintió una renovada determinación. Sabía que el camino sería difícil, pero con mentores como Mardant y Broll, estaba listo para enfrentar cualquier desafío. Cedric, con el corazón lleno de gratitud y determinación, siguió entrenando. Sabía que su camino no sería fácil, pero estaba listo para enfrentarlo, con la esperanza de que algún día, su historia inspiraría a otros a seguir sus propios caminos únicos.

Hoy, Cedric se encuentra en el puerto de Ventormenta, esperando el transporte que lo llevará a las Islas Dragón. Su aventura es crucial y su objetivo aún más significativo: desea llegar a Valdrakken, la capital de los dragones, y presentarse ante la máxima autoridad de los druidas. Merithra, la Soñadora y aspecto del vuelo verde, será quien le otorgue su bendición final, permitiéndole comenzar sus aventuras como un adalid de la Alianza y protector de Azeroth contra todas sus amenazas.

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